¿Cómo saber cuáles son tus miedos?

Porque tengo miedo de todo

Normalmente, los individuos que tienen esta fobia son también los primeros en detectar o notar la presencia de un insecto en su entorno. Esto sucede porque al enfrentarnos a lo que se interpreta como una situación de peligro, nuestros sentidos se amplifican por lo que se llama ansiedad anticipatoria o el miedo a tener un ataque de ansiedad.

Desde un punto de vista neurofisiológico, una posible explicación de ciertos fenómenos como la hipervigilancia y la hipervigilancia se podría remontar a la activación automática de la amígdala tras la percepción de un estímulo fóbico.

Inicialmente, el individuo siente un fuerte malestar ante la presencia del insecto temido y se siente obligado a evitar la circunstancia que genera esta sensación desagradable. Esto desencadena la reacción fóbica y se establece la creencia de que una repetición de la experiencia de ansiedad sería intolerable. En consecuencia, el sujeto intenta por todos los medios evitar la situación que le causa alarma.

Efectos del miedo en el sistema nervioso

Por ejemplo, el caso de la persona que decide tener una aclaración con su jefe, pero frente a él no puede abrir la boca; el del padre que sabe que tiene que prohibirle a su hijo ciertas cosas, pero luego cede a sus exigencias; una pareja traicionada que decide racionalmente romper la relación, pero luego no puede dejarla.

Hay que proceder a desmontar este guión disfuncional aplicando la técnica de la “peor fantasía”. Es decir, pensar que cada vez que pedimos ayuda, no sólo no resolvemos el problema sino que incluso lo consolidamos, empeorando peligrosamente la situación.

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Imaginemos que sorprendemos a nuestra pareja presentándonos en casa antes de lo habitual, sin avisar, con un bonito regalo. ¿Qué haríamos si, al entrar en la casa, escucháramos gemidos procedentes del dormitorio y encontráramos a nuestra pareja en pleno coito apasionado con un desconocido?

Probablemente las primeras respuestas serían emocionales e instintivas: Puede que ambos ataquemos, puede que cerremos la puerta y nos vayamos, puede que pidamos explicaciones. Pero estas son las reacciones esperadas en caliente, no la respuesta que se encuentra como ejercicio de diálogo con nosotros mismos.

Miedo a enfrentar situaciones

Además, muy a menudo nos asaltan informaciones y tipos de comunicación que tienden a ser catastróficos para aumentar nuestro espectro de miedos (desde el miedo a lo diferente, a la enfermedad, al cambio de vida, al cambio de pareja, etc.).

Yadin Dudai, junto con sus colaboradores del Instituto de Ciencias Weizzman de Israel, analizó lo que ocurre en nuestro cerebro cuando decidimos enfrentarnos al miedo en lugar de huir. Para llevar a cabo este experimento, seleccionaron voluntarios y los agruparon, tras realizar una prueba, en dos categorías: temerosos y valientes.

El miedo nos alerta de un peligro y nos pone a salvo, haciendo que nos alejemos de la fuente del peligro. Los distintos tipos de miedos, además de algunos innatos, los aprendemos a lo largo de nuestra vida: el contexto ambiental y social, la familia, nuestras relaciones, pueden condicionarnos y desencadenar nuevos miedos.

Las personas valientes no siempre son fuertes y de aspecto duro, como piensa el imaginario colectivo. Muy a menudo son personas normales y corrientes: basta con pensar en personajes famosos como Nelson Mandela o Ana Frank, o en personas que realizan un trabajo valiente, como médicos y enfermeras.

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Qué es el miedo

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría, informa de que sólo entre el 12 y el 30% de las personas con fobia a los perros buscan una solución mediante un tratamiento adecuado a su caso.

Según la interpretación psicoanalítica, el miedo a los perros surge cuando el sujeto transfiere sus preocupaciones internas a situaciones o elementos externos, en un intento de escapar de las representaciones que le inducen un estado de ansiedad. Al hacerlo, elimina una idea o un deseo que no es agradable para la conciencia.

En la fobia a los perros, la exposición a un perro, ya sea a través del contacto directo o de otros estímulos reales o inventados, evoca repentinamente sentimientos de malestar, ansiedad y nerviosismo, que pueden dar lugar a ataques de pánico completos que duran al menos varios minutos.

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