¿Cómo aceptar las cosas que no se pueden cambiar?

Concédeme la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar San Francisco

A veces, para disminuir el estado de sufrimiento sólo podemos rebajar el valor del objetivo comprometido, o renunciar a él por completo, y sustituirlo por otro que siga siendo perseguible, aceptar la condición que nos crea sufrimiento, pero sobre todo aceptar el sufrimiento mismo.

Como sugieren Perdighe y Mancini (2012), “facilitar la aceptación significa pasar del estado mental de insistencia a la renuncia modificando los factores que regulan la inversión: esto implica, en primer lugar, debilitar los procesos que mantienen la inversión (en particular mediante la reconstrucción, la normalización y la reducción de la actitud secundaria) y, a continuación, modificar las creencias que apoyan la inversión y obstaculizan la aceptación”.

Deja ir lo que no puedes cambiar

Cuando nos convertimos en adultos podemos decidir dejar de esperar el amor que necesitamos, de las palabras, los gestos y el comportamiento de las personas que nos rodean, y entonces dejar de lado nuestras expectativas.

El hecho de que no se comporten “correctamente” contigo no significa que sean malas personas, es su comportamiento el que no compartes y eso marca la diferencia. En el primer caso les pones una etiqueta mientras que en el segundo sabes que las acciones son siempre mejorables.

Cómo aceptar algo que no nos gusta

Cuando nos convertimos en adultos podemos decidir dejar de esperar el amor que necesitamos, de las palabras, los gestos y el comportamiento de las personas que tenemos cerca y entonces dejar de lado nuestras expectativas.

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El hecho de que no se comporten “correctamente” contigo no significa que sean malas personas, es su comportamiento el que no compartes y eso marca la diferencia. En el primer caso les pones una etiqueta mientras que en el segundo sabes que las acciones son siempre mejorables.

Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación

Ese tira y afloja habría durado bastante tiempo de no ser por el abuelo del niño. Al oír la conmoción, había salido de la casa y sólo había necesitado una mirada para asimilar la escena. Tomó suavemente la cuerda de las manos de su nieto y le dijo, sonriendo:

El niño hizo lo que su abuelo le había dicho y al cabo de un rato el animal se puso en marcha. Entonces se le escapó una risita de alegría y el viajero lo vio alejarse trotando alegremente por el camino junto al burro, uno al lado del otro, hasta que desapareció por el recodo en la distancia”. *

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