¿Cuál es la raíz de la envidia?

Reflexiones sobre la envidia

A pesar de estas características decididamente tristes, la envidia está para Russell “en la base de la democracia”. En contra de lo que afirma Nietzsche, como veremos, Russell no cree que en la época de los primeros filósofos griegos los gérmenes de la envidia tendieran a convertirse espontáneamente en admiración, y a este respecto recuerda cómo Heráclito afirmó “que los ciudadanos de Éfeso deberían haber sido todos ahorcados porque dijeron: “nadie debe sobresalir entre nosotros”. El movimiento democrático de los Estados griegos debió de inspirarse casi por completo en esta pasión”, que también caracteriza a la democracia moderna en sus raíces.7

Comportamiento de la persona envidiosa

La envidia no sólo genera tristeza, sino también “tristeza por los bienes ajenos”[10] que el envidioso querría para sí porque juzga que el otro los posee inmerecidamente y debe ser castigado por ello con la expropiación.

El envidioso triste es representado en la iconografía espiando desde lejos, con el ceño fruncido, a ese afortunado poseedor feliz al que le gustaría hacer sufrir una miseria que en cambio, como en un contrapaso, le afecta a él.

En la doctrina cristiana, la envidia aparece ya en los tiempos bíblicos con el fratricidio de Caín envidioso del amor de Dios por Abel[17]. El mismo vicio capital recorre el Antiguo Testamento, que lo define como “caries de los huesos”[18], para llegar al Nuevo, donde Cristo es entregado a Pilato, que “sabía bien que se lo habían entregado por envidia”[19].

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Los celos son la envidia

7 vicios mortales. La etimología del término contiene la raíz visual ‘videre’ (ver, mirar, observar) precedida de la partícula negativa ‘in’, para formar la palabra ‘envidia’ o enidiare por tanto ‘mirar mal’, también en el sentido de

Me parece especialmente completa e interesante la de Kierkegaard, que la describe como una forma de admiración secreta y dolorosa: “La envidia es una admiración secreta. Una persona llena de admiración que siente que no puede ser feliz abandonándose a sí misma

comprender lo que realmente nos importa y lo que podemos hacer para realizarnos y lograr lo que envidiamos en la otra persona. Como si dijera: “si el otro lo ha hecho, yo también puedo”. En el segundo caso, en cambio, prevalece

el bien del otro, lo que lleva a querer “aguarle la fiesta” al otro, o a rumiar las supuestas razones que favorecieron su éxito y desfavorecieron el propio: “si yo no puedo hacerlo/tenerlo entonces el otro tampoco debe hacerlo/tenerlo”.

Contra la envidia está la construcción de una vida llena de sentido: esa profunda sensación de arraigo y de paz interior que proviene del conocimiento de los propios valores, y de ser capaz de actuar en armonía con ellos.

Frases de envidia

Contable colegiado, mediador de Consob, experto en comunicación y asesoramiento. Conferenciante en temas de comunicación efectiva, desarrollo del potencial humano y asesoramiento para profesionales. Cualificado para impartir cursos de formación para mediadores. Es presidenta de la Asociación de la Industria de la Experiencia, fundada en 2006. Para más información y consultas, visite: www.industriadellesperienza.it email: pbonaca@gmail.

Aristóteles definió los vicios capitales como “malos hábitos” resultantes de la repetición de acciones que, a la larga, forman los hábitos de una persona. El remedio consistía en una especie de educación, para transformar los hábitos de malos a buenos.

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Después de haber tratado durante algún tiempo con cuestiones de gestión de conflictos, he querido dedicar este artículo a tres pecados capitales, a saber, la soberbia, la envidia y la ira, porque, según mi experiencia, muchos conflictos tienen una raíz profunda e invisible en estos “malos hábitos”, que con el tiempo se han transformado en pecados capitales bajo la influencia de la iglesia.  Entre los siete pecados capitales, he elegido estos tres porque son los llamados pecados relacionales en el sentido de que necesitan del otro para existir.

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