¿Por que lloro por cualquier cosa?

Llorar en psicología

Hola, soy una chica de 27 años y sufro ataques de ansiedad desde hace un año. Aparecen repentinamente sin ninguna causa real y duran horas, junto con náuseas, mareos y alteraciones visuales. Se alternan períodos de ausencia total de episodios, incluso durante dos o tres meses, hasta la reaparición repentina. La ansiedad se intensifica con el miedo a morir repentinamente o a que los seres queridos mueran repentinamente. Estoy especialmente irritable y lloro por todo. Me gustaría saber si hay algún método natural para sobrellevar los ataques, o me recomiendan un camino hacia un psicólogo?

Buenos días, la situación que describe podría estar relacionada con los ataques de pánico. Te recomiendo que consultes a un psicólogo para entender bien cuál es el desencadenante de tus molestias y, si es necesario, pedir a tu médico de cabecera algún medicamento para contenerlas.

Llorar sin motivo depresión

Varios estudios han intentado poner de manifiesto por qué se llora, en qué ocasiones y qué características individuales influyen en ello. En particular, Vingerhoets (2013) describe algunas razones por las que la gente llora:

Todas las personas han tenido experiencias negativas y difíciles en su vida, pero hay muchas personas que han preferido no esconder el polvo bajo la alfombra y dejar estos problemas sin resolver, esperando que desaparezcan por sí solos. Desgraciadamente, ignorar el sufrimiento y el dolor no hace que desaparezca, precisamente porque estas emociones siempre encuentran una forma de emerger, ya sea a través de una forma psicosomática o quizás a través de ataques de llanto, aparentemente sin razón, pero que siempre aparecen cuando tu mente evoca un estado de ánimo que tiene que ver con estos problemas no resueltos.

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Lo que ocurre cuando se llora demasiado

Buenos días, ¿ha habido algún episodio especialmente intenso en su vida este año que le haya afectado o en el que haya experimentado emociones profundas? Dicho esto, le recomendaría un curso de psicología para profundizar en su estado emocional y gestionar mejor esta condición. Saludos cordiales de la Dra. Claudia Sposini

Con la ayuda de un psicoterapeuta, sería conveniente que profundizaras en tu situación de forma consciente para arrojar luz sobre tu sufrimiento y, en consecuencia, poder gestionarlo mejor, precisamente con conciencia, sin dejarte abrumar por mecanismos que se han vuelto automáticos.

Estimada, ciertamente esta sintomatología que relata debe ser investigada para entender su origen, la ansiedad y los ataques de llanto sugieren una experiencia emocional que está oculta, trabajando incesantemente bajo la superficie. Es hora de que salga a la luz en una vía psicológica. Saludos.

Buenos días, en base a lo que relatas, podría ser de gran ayuda abordar este sufrimiento tuyo junto a un profesional que te apoye en la comprensión de su naturaleza. Conocer las dinámicas psicológicas que provocan nuestro dolor también ayuda a identificar los factores que nos llevan a adoptar determinados comportamientos que, a la larga, comprometen aún más nuestro estilo de vida.

Mover fácilmente la psicología

Sin embargo, todos sabemos lo liberador que es llorar, lo bien que uno se siente después de derramar lágrimas buenas y sanas. Pero no, los niños no deben llorar, deben guardarlo todo dentro, deben ser siempre felices. Seamos claros.

Cuando se trata de adultos, generalmente tratamos de ser empáticos, comprensivos, de consolarles, les preguntamos si podemos ayudarles en algo, tratamos de darles valor, les decimos que lo sentimos.

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El llanto parece perturbar, ensuciar, la imagen idealizada e idealizada que los adultos pintan a veces de su relación con los niños y de los propios niños: mejor correr a esconderse tratando de sofocar el lloriqueo.

Además, el llanto de nuestro hijo nos recuerda a veces nuestro propio llanto infantil y, en consecuencia, las heridas emocionales que lo provocaron, a menudo causadas por nuestros queridos padres: mejor enterrarlo en la arena haciendo todo lo posible para que deje de llorar.

Evita prestar atención a su llanto y evita distanciarte. Con calma, sin identificarte (manos en el pelo gritando ‘¡dios mío qué le pasa a mi bebé!’, poniéndote a llorar con él, diciéndole con aire aterrorizado que no sabes qué hacer, etc.), acércate a él, baja a su altura, míralo a los ojos y sé empático.

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